El comienzo de la novela

Mireia, te dejo el comienzo de mi novela, que aspira a ser una nouvelle o ensayo autobiográfico. Escribir me sana; no hacerlo, he comprendido al fin, me enferma. Por eso, gracias, de nuevo, siempre te las daré, por abrir este blog. Por tenerlo juntas.

La novela se llama ‘Vida común’.

60% Lun 22:49

«Los días caen y sorprende su caída. Hoy compré comida con S., cambié un vestido para una boda, dos veces, y fui al dentista a la tarde. Caminé con mi madre por el centro de Madrid, porque tuve miedo y le pregunté si me acompañaba. De ahí el paseo en común. No teníamos nada que decirnos, ambas estábamos muy lejos. La conversación tenía un aire profesoral por mi parte, algo vacío; por la suya, un interés desmedido por los sucesos del corazón, lo mucho que se notaba el descuento que me habían aplicado en la tienda y si comía o no comía. La última vez, me advirtió que se me caerían los dientes, el dentista, no mi madre. Ella se limitó a señalar el fin comercial de afirmar esto. Lo repitió varias veces, a mí me quedó claro. No nos hemos dicho nada, pero ella estaba más contenta porque lo que llevaré a la fiesta es mejor que lo que compré en un primer momento, aunque siga siendo ‘una bata’. Seguramente no le envíe ninguna fotografía. Mientras esperábamos que dijesen mi nombre en la sala de espera, consultaba su teléfono móvil con avidez, por si encontraba algo que yo no hubiese visto. De pronto, ha dicho, ‘no sé muy bien por qué estoy haciendo esto’, y se ha guardado el teléfono en el bolso. Estos suspiros los retengo para mí, y son cosas pequeñas que me atenazan el corazón, tan diminutas y tramposas que, cuando se las recuerdo, me dice que no, que no ha dicho eso, que no es verdad. Solo digo mentiras, soy una mentirosa. Y esto tampoco se dice, que soy una mentirosa, al igual que no se dicen muchas otras cosas: si mientes, eres una mentirosa, no hace falta expresarlo con esta claridad u otra. Y quedan por el aire, lo impregnan todo. Saben a hierro, como cuando sangran las encías al cepillar los dientes rápido, sin ganas. Entiendo que rabio por no abrazarla y que ella también por el hecho de que me haya ido de casa. Mi cuarto ahora es un agujero blanco donde no están mis libros, donde no hay nada. Pero no se dice, porque tal vez nos enseñan y educan en el silencio. Será eso, no lo sé. Si no le envío nada de la fiesta, pienso ahora, es porque estoy rabiando y cuando esto sucede las imágenes pierden el color que, en teoría, les es natural, por la luz. Al despedirnos, lo más probable es que nos hayamos dado el peor beso del mundo. La fotografía era esa y estaba muda. Me ha dicho que la semana pasada tuvo el dedo pequeño del pie negro porque se le rompió. Al parecer, los médicos nunca hacen nada a este respecto.»

Te quiere mucho,

Andrea

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s