el lugar de las palabras

Buenas tardes, Andrea.

1. Hoy tengo muchas ganas de leer las memorias imaginarias de Woody Allen.

2. He hecho algunos cambios en el diseño de Lo indecible. He elegido otro tema y como cabecera he colocado un fotograma de Orlando de Sally Potter donde Tilda Swinton y Billy Zane se miran sorprendidos de haberse encontrado. Un segundo más tarde sucederá lo siguiente:

No he podido camuflar el avatar circular donde aparece mi cara con unas gafas 3D de cartulina. Es una foto hecha en Madrid con la cámara integrada de un iMac en 2011. He decidido que, para justificar su presencia, hoy escribiré sobre mí.

Interpreto el sueño de esta noche como una advertencia desde el pasado, no hay retorno. Entre las pocas imágenes que perduran está la de un panel de palancas mecánicas tipo tablero de pinball estilo steampunk que en realidad era la página web de Renfe vista en la pantalla de un teléfono. Intentábamos cancelar mis billetes a Madrid diez minutos antes de la salida del tren porque me había quedado dormida en la destartalada cama de mi amante, entre acogedoras sábanas polvorientas y mantas arrugadas alrededor de los tobillos. Convenía ser educada y avisar a la empresa de ferrocarriles españoles de que jamás llegaría a tiempo al vagón que me esperaba. La posibilidad de cambiar la hora del billete no estaba entre mis planes oníricos. No hay regreso posible a Madrid, pero tampoco estoy segura de que el relato inconsciente se estuviera desarrollando, de hecho, en Madrid.

Dicho esto, ¿qué significa Madrid?

Termino este bloque en una defensa de la significación de situaciones personales a través de los símbolos. El otro día cuando fui a verte olvidé preguntarte sobre el horóscopo. ¡Una pena!

3. Entre mis reflexiones sobre la escritura esta semana están las siguientes:

– Escribir desde mi comodidad es legítimo.
– No estoy banalizando la escritura de la manera adecuada.
– Escribir bien no es describir bien. Me gustan más los libros que describen bien pero los artículos que están bien escritos, conscientes de sus circunstancias y de las posibilidades de ser malinterpretados, también seducen.
– Hay maneras diferentes de construir imágenes. Hacer buenos tebeos implica una responsabilidad mayor que la de escribir cualquier texto que vaya a ser leído sin dibujos.

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