He leído el libro de Aixa de la Cruz

Me hizo mucha ilusión ver que estabas con Munir en Barcelona. Gracias por enviarme la fotografía, me alegró el corazón. ¿Qué tal el Graf, cómo estás tú? Te vi en una imagen vestida de moderna, muy trap, estabas muy guapa. Eres una mujer guapa. Ahora, quisiera compartir contigo dos o tres fragmentos del nuevo libro de Aixa de la Cruz. Lo terminé esta mañana. Y no lo hago por otra cosa que por tu condición de testigo; porque estuviste justo en el momento en el que, como reza el título de Aixa, también cambié de opinión. ¿Te acuerdas? Todo era un escombro.

Fragmento | 1

Pido auxilio y María José clausura el acto. Después de firmar un puñado de ejemplares, su novia y ella me evacúan a una tasca en la que engullo un litro de cerveza antes de integrarme en la conversación. Sé que esta noche me retiraré pronto. Me caen bien pero no estoy cómoda. Siento que me juzgan. Hago un repaso del día, de lo que he dicho, de lo que ellas han dicho. Busco cualquier detalle que pudiera habernos ofendido mutuamente y no encuentro nada, así que este malestar debe ser el que me suscita la comunidad lésbica, ni más ni menos. Me he vuelto homófoba en el sentido etimológico en el que prima el componente de miedo, manda narices. Sé que no me van a reprochar, como sí hacen mis amigas de Granada, que me haya decantado por un hombre, por la opción normativa, la más fácil, la que no da problemas. No lo van a hacer porque ni siquiera me conocen, pero llevo el boicot por dentro y me pone en guardia. Hubo una época en la que el sexo era sexo, y la política, política. Luego las cosas se mezclaron. O conocí a demasiada gente que las mezclaba, gente que concebía el deseo como una herramienta de acción militar, y en qué mundo cabe, my body is a temple y no soy lo que como, pero ahí está el discurso, y ahí la culpa. Le he dado la razón a mi madre, que decía que lo de las mujeres era una fase, un experimento exótico de los míos. La odié durante años por aquello, y ahora por qué la voy a odiar. Me estoy quedando sin excusas.

Fragmento | 2

Mi primera menstruación no dolió. Pero al cabo de unos días vino mi madre con regalos y comida como para una fiesta de cumpleaños y dijo la frase más terrible: ya eres una mujer. Si fuera cierto que los cólicos menstruales son psicosomáticos, aquel sería el instante en el que se gestó el síntoma. De esta forma, mi útero se contraería más de lo debido porque no solo intenta expulsar el endometrio, sino el significante mismo que se me impuso al sangrar. Pero ya está bien. No quiero seguir revelándome. Quiero que pare el dolor. Entro en internet en busca de algún remedio natural y los primeros artículos que encuentro me dicen lo que ya me han dicho media docena de ginecólogos: lo que me pasa es normal , esto es, frecuente, y se alivia tomando anticonceptivos hormonales. Fue lo que hice entre los dieciséis y los veintidós años. No me resistí a la medicación porque sonaba lógico que ser mujer fuera algo de lo que tuvieran que curarme y cómo extraño a veces aquel organismo sintético de humor estable y pechos rellenos, pero por más que una esté en el mundo para desdecirse, algunas decisiones han de ser férreas. Falté a mi palabra para no volver al paradigma heterosexual —y he cosechado la esquizofrenia de la que me advertían—, pero los otros dos compromisos que adquirí durante mi inmersión en los estudios de género se mantienen. No patrocino al sector canónico y no consumo estrógenos de laboratorio. Dadme otra solución, amigas, hermanas. Ahora soy una de vosotras.

(…)

No estás loca, eres cíclica.

Y ser cíclica en esta sociedad duele.

Sin embargo, la menstruación no es el problema.

Tú no eres el problema.

El problema es quien menstrúa en esta sociedad.

Vivimos en la periferia de nuestro cuerpo.

Pero esto acaba hoy aquí.

Fragmento | 3

Fuera del texto se me ocurren muchas cosas, pero en el presente virtual por el que me arrastra esta línea no tienen cabida las piruetas intelectuales. Soy toda incredulidad y arcadas; no quiero seguir leyendo, pero no puedo parar de leer. Soy el europeo estándar ante su televisor el 11-S, una espectadora profesional que confunde el terror con las películas de terror, y en las películas de terror el miedo forma parte del espectáculo. Así que sigo cargando comentarios en los que la cibermasa pone en duda el testimonio de la víctima de Sanfermines y el de las víctimas de violación en general, respaldando sus argumentos con multitud de enlaces a un mismo caso de falsa denuncia; comentarios en los que prosperan las teorías más inverosímiles (…).

Te quiero mucho, Mireia. Espero que estés bien. Me reconforta leerte, que asumamos este espacio como un muro de las lamentaciones nuestro, solo nuestro. Hay también recreo, aunque no lo creamos, en la lamentación. Y perdona que no me prodigue con tu última entrada, pero no me apetece escribir. He salido hace un buen rato de terapia, pero me sigue sin apetecer hablar.

Andrea

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