Escritura terapéutica

Me inspira mogollón ligar con tíos por tinder. Metaligar. Estrenar personas y que salga divertido. “Bueno, y ahora después de medir el marco teórico de nuestra nueva relación ¿qué se hace? ¿me invitas a una fanta? Todo lo que sea gratis me parece bien hasta que recuerdo que viene manchado por la grasa indeleble de lo precarizado. Ser coherente es tan difícil. Tomemos unas cañas pero invitas tú. Tengamos claro, por lo menos, que estamos perpetuando los roles de género del imaginario global. Tengamos claro, por lo menos, que si tú cobras más tienes más poder sobre las cervezas que voy a tomar, pero no sobre mi cuerpo. El contenido o expectativa sobre el contenido de tu cartera o de tus bolsillos sirve de aliciente, fetiche capitalista, para mi deseo erótico siempre inconsciente hasta ahora pero ya no. Como tus ganas de ir de putas. A ver cómo trabajamos eso desde la óptica de la crítica feminista. Pero hay que hacerlo*. Deslízame un par de billetes de doscientos euros por la cara y mete tus dedos en mi garganta. Soy pobre. El dinero es mi perversión por naturaleza. Permeabeabilidad opuesta. Como los descampados, la leche derramada o las fantasías en tercera persona de violación grupal. Ser consciente de ello no va a restarle eficacia.”

*(Estoy leyendo el TFM de Clara! Por fin!)

Paréntesis aquí para decir que apenas he leído a Marta Sanz, estoy leyendo a Marta Sanz, pero todavía no me he puesto a escribir desde el dolor hasta ahora porque es el dolor lo que me ha impulsado a venir aquí, a lo indecible, a practicar este mindfulness que llaman literatura automática o verborrea atómica o despilfarro autoinfeccioso o tengo tantas cosas que decir y te echo tanto de menos que en lugar de teclear bailaremos con palabras y haremos como que no pasa nada.

El librito que más cerca tengo ahora mismo es “BDSM Estudios sobre la dominación y la sumisión”, no lo he empezado y ya le tengo miedo porque he visto que contiene componentes psicoanalíticos. ¿Es este un riesgo que hay que correr si queremos entender como el dolor llama al dolor? Espero que no. Espero estar a tiempo de devolverlo. Te lo haré saber.

¿Qué tal la casa nueva?

¡Oye! Conforme voy escribiendo me empiezo a sentir mejor. ¡Funciona! Ya ha valido la pena llamar tu atención. ¿Qué estarán escribiendo las demás? Quiero leer a Sabina Urraca y a Elisa Victoria y a María Sánchez y a Mónica Ojeda pero ¿Sabes qué? Tengo mucho miedo. Me da PÁNICO ABSOLUTO. ¿Y si no me gusta lo que leo? O peor ¿Y si me gusta? ¿Y si no me importa? Creo que antes necesito leer lo tuyo. Vas a ser la primera amiga a la que lea desde que sé leer. Y desde que he leído a Carnés, a Rodoreda, a García Llovet*, a Baltasar y a Ginzburg y a Gainza y a Pardo Bazán creo que puedo hacerlo con la misoginia metida en el tarro de los objetos de estudio. Envíame ya tu dichoso libro para que pueda empezar a leer a todas mis amigas y establecer ese metadiálogo que se supone que nos tiene que llevar a algún Sitio Bueno. Dale.

 

*Es curioso que Esther no cuente entre mis miedos ¿será porque pertenece a otra generación o porque es el ideal aséptico?

 

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