El bosque del vómito

¿Hay alguna forma de comenzar un texto que no resulte altanera? Tengo cada vez más dudas sobre todo lo relativo a la escritura, a la lectura y, especialmente, a la crítica desde que estoy aprendiendo a leer. Para empezar, me arrepiento de todas las veces que he juzgado un libro, el que sea. Hay que tener valor para decir “esto es una mierda”, “yo no leo a tal ni a cual”, “devuelve eso, carajo”, arquear una ceja, mirar por encima del hombro a un pobre trozo de papel laminado en mate. ¿Cómo ahora mismo y aquí podemos estar opinando sobre Goytisolo, sobre la prosa de menganito o del último boutade boy de la antigua izquierda si no es para hablar de nosotras mismas? Eso me parece bien. Hablar de mí, de nosotros, de las cosas que nos pasan a través de Djuna Barnes, por ejemplo. Me regalaron ese libro en el mismo lugar donde nos encontramos la semana pasada. ¿Dónde ibas tan acelerada? ¿Qué te pasa Andrea?

Anoche empecé a escribir pero no había tomado café, no eran horas. Te estaba contando que bajo el flexo reposaba El bosque de la noche, que me ha acompañado paciente en las últimas semanas en el viaje a Madrid, en las despedidas, en el regreso a Valencia, entre todas las cajas de libros -unas veinte y son pocas- él viajaba en mi bolso, junto al cuaderno de clase y al neceser con el Aquafort. Apenas he leído nada. Sus personajes me resultaban demasiado impertinentes y ya sé que lo son, que forma parte de su carisma, pero no podía seguirles el juego, así no. Lo poco que se lee en una mudanza siempre habla sobre uno mismo, y conviene prestar atención. Si un libro no está hablando de ti ¿Para qué leerlo?

Chica, no te mudes. Aguanta un poco. Atrinchérate en casas de amigos, en el rincón de tu eterna adolescencia lasciva, no te hagas vieja todavía. Sé que no me vas a hacer caso  pero ahora que he vuelto a vivir con mi madre después de -santodios- quince años, sé de lo que hablo. Revisa las ganas de salir corriendo y no tengas prisa por resolverte. Disfruta de la herencia del baby boom, hazte insoportable a sus ojos e imprescindible en el cariño. Disecciona todos los errores de su generación y convéncelos de que lo han arruinado todo pero que por lo menos te tienen. Pienso que todo esto de Eva Baltasar y la otra es porque por fin ha llegado un momento donde de verdad nos la suda exponernos en masa. Antes, bueno qué sé yo, siempre hubo singularidades y obras suicidas, pero ahora nos han tirado de la lengua y es super divertido. Que les jodan, jajaja.

*Sorbito de propalgina*

La otra opción es salir cuanto antes de Madrid. No sé cómo me estoy atreviendo a preguntar por tu prisa y a decir lo que tienes que hacer cuando yo tengo las compuertas bloqueadas cada medio mes. Se me agarran a los meseteros y enraizan por la puta nuca hasta llegar debajo de los omoplatos y cómo duelen. Esto es verdad, esto es físico. Perdóname, ayer leí unas declaraciones horribles de una escritora argentina en sus cincuenta, ahora no recuerdo qué escritora, nos da igual. El caso es que nos hacemos viejas, yo más que tú, y todo sigue igual, sigue por hacer, o no. Ya sabes lo que pienso sobre rendirse, a veces es necesario. Especialmente para conseguir que afloren algunos líquidos que estamos reteniendo desde la infancia, de manera inconsciente, desde que alguien nos fastidió pero bien el día que nos habían vestido con volantes, el día que nos subimos al columpio y se nos vieron las bragas.

Oye, ten cuidado con el doctor Mathew O’connor. Yo también voy a tenerlo. No quisiera de momento convertirme en él salvo por lo de llevar traje de chaqueta. ¿Sabes qué pienso? Que se va haciendo hora ya para que todas tengamos nuestro propio traje de chaqueta. Pero de verdad, no como en los ochenta o en los sucesivos revivals de lo masculino en pasarela. Una habitación propia no es suficiente. Traje de chaqueta, burdeos, azul marino, aterciopelado o no. Pero que nos quede de puta madre siempre.

Pues hija, escribir un libro debe ser un horror. Un tránsito terrorífico de dudas , ires y venires. El otro día en un hilo de twitter entre Jóvenes Que Escriben Ahora descubrí que hay unos que lo hacen del tirón, como usando una brújula interna, y otros que lo hacen de otra forma que no imagino como puede ser. Siguiendo unos esquemas complejos y rezando mucho, supongo. Y resulta que ambos disfrutan. ¡Disfrutan escribiendo! Si uno disfruta escribiendo ¿cómo va a disfrutar otro leyéndo eso mismo?. El el orden deseoso de las cosas no me cabe en la cabeza. Lo que sí empiezo a sentir es una especie de, cómo se llama, respeto, hacia todos aquellos que escriben y hacia sus productos obtenidos en forma de libro. En todo lo depósitado en forma de tiempo, dolor o disfrute, me es lo mismo. Se vierten ahí ideas, chismes y después llega la librera sádica de turno y suelta una carcajada. Pues ya no más. A partir de ahora hablaré con propiedad o callaré para siempre.  Espero que me dure poco por el bien del aparente caos en el espaciotiempo.

Vamos hablando, estáte bien.

Mireia.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s