Mireia, ‘Permafrost’, de Eva Baltasar.

Lo que hace Houellebecq en Serotonina está bien. Un tipo se aburre, y esto es casi todo. Ahora, desde nuestra óptica, desde nuestra elegancia posmo, no es solo que un tipo se sature engullendo —qué palabra tan bonita— su propia baba, sino que, además, te lo cuenta. Y esto, ¿por qué es interesante? ¿Qué puede haber de atractivo en un machirulazo, egocéntrico, hetero, occidental y cis? Pues, sencillo: relleno. Porque no basta con usar las palabras, sino que también hay que darles un sentido, una dirección. El texto del autor de Plataforma o Sumisión, ni siquiera se esfuerza. Pienso en Velázquez retratándose a sí mismo pincel en mano; pienso en Michel Houellebecq, también con un espejo en la mano, en el retrete de su casa, mientras se fuma un cigarrillo. Los dedos, completamente amarillentos, deslucidos, las uñas, eso sí, pulcras, al ras. Azulejos blancos, cuadrados, como de un palmo, pero solo hasta la mitad de la pared, el resto es yeso por las buenas. La cadena cuelga del váter. Apenas le raspa los últimos pelos de la cabeza, que están como electrizados. En fin. Que es una oda a lo básico, lo normalizado; en una palabra, o en varias, al sujeto hegemónico. Sí, esto es un poco lo que ha contado Carlos Pardo en El País. O, quizá, no tanto. Pero igualmente gracias, Houellebecq, gracias. También a ti, Carlos. Cada vez que me pare ante un hombre y me apetezca reprocharle con un: puto gilipollas, sabré exactamente de qué pasta está hecho. Ahora, lo que nos interesa. ¿Qué tiene que ver esto con el libro que ha escrito la Baltasar? Creo que, más o menos, lo que sigue. Los sujetos que no son hegemónicos, que no son o, al menos, que no parecen ser representantes o representativos de casi nada, sorpresa, también se aburren. Y si de aquellos polvos vienen estos lodos, y si de: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, entonces, ¿puede una lesbiana ABURRIRSE? Claro, no de forma natural, quiero decir, no sé, ¿nos aburrimos las lesbianas? Porque yo creo que n… Perdón, perdón (se ríe nerviosamente, mientras se pone el pelo detrás de las orejitas). El Permafrost, de Eva Baltasar va, y no lo ha dicho ningún medio, más allá de bruscas vaguedades, de una lesbiana, sí, lesbiana, no de una mujer que es libre de experimentar con y desde su deseo, que se aburre, que ha estudiado historia del arte, que tiene relaciones tóxicas, y que las mujeres de su familia son un auténtico peñazo, al igual que ella. Porque ella también sabe que lo es. Michi Panero advirtió ya de esto: Lo peor que se puede ser en este mundo es un coñazo, y mis dos hermanos son un coñazo que me han torturado toda la santísima vida con la historia de la literatura y con sus personajes literarios… ¡Anda y que me dejen en paz! Y es maravilloso, de verdad, es tremendo que la palabra lesbiana esté tan llena de cosas que en nada tienen que ver con llevar el pelo corto, vestir como un hombre, mantener actitudes patriarcales en imitación a tipos, repito, tipos como el cabronazo que describe Hoellebecq. Es maravilloso que ser lesbiana no esté atado al rechazar a un tío en una discoteca, y que te diga, al decirle que eres bollera, que es porque no has probado r… No, no y no. Una bollera es otra cosa, y que no se olvide, que esto también es importante, una bollera es una mujer. Y una mujer también se puede aburrir (menos mal que por fin lo dije). ¿Qué pasa, no se aburría ahora Anita Ozores en La Regenta? Así se toma un sujeto-no-hegemónico y se llena de cosas; así se toma un sujeto-no-hegemónico, no representativo, según parece, de nada y se pone a habalar, a chillar, a decir que se quiere suicidar. Así se pone alguien a decir que se muere por hacer el amor con alguien. Que ese alguien sea otra mujer. Ese es el relato: alguien que, en realidad, es cualquiera, y que se ha puesto a hablar y nadie, absolutamente nadie, le ha cortado el timbre, el tono, el turno de palabra. La Martín Gaite lo vio, en su momento, clarísimo; lo vio clarinete cuando tituló a sus conferencias, que conferenciar, de existir el verbo, es hablar en público, es volverse público, es ser, en definitiva, algo para una coelctividad, Pido la palabra. No sé, como amante de Hello Kitty, en el caso de serlo, también quisiera tener relato; quisiera saber que, sea cual sea mi voz, mi posición, mi postura política, mi postura a la hora de follar, tengo no solo el derecho sino la capacidad de tener narrativa. Por lo que gracias, Eva. Gra-cias. Brava. Y, eh, Eva. No nos dejes nunca en paz. | Ahora, perdóname, Mireia. Nunca he estado tan irreverente, tan fuera de papel como ahora escribiendo esto, pero estoy cansada, es tarde, y llevo toda la tarde trabajando. Que te quiero, reina.


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